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Albino, Ana Palacios

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El trabajo de Ana Palacios nos muestra ejemplarmente como las distinciones entre el valor artístico y social de la fotografía, entre imagen como construcción estéticas e imagen como elemento de comunicación, constituyen en el fondo falsas dicotomías.

Ana consagra su labor a hacer visibles realidades que ignoramos y en este caso su mirada se posa sobre el día a día de las personas albinas en el continente africano. A las complicaciones médicas asociadas a esta condición genética y a las ya de por sí difíciles circunstancias económicas de su contexto, se añade la discriminación social que padecen, y que hace especialmente necesaria la labor de protección, cuidado y atención a este colectivo. Ana nos emplaza frente a una situación humana terrible y mi primera reacción, como espectadora y como ser humano, es exigir una respuesta, a mí misma y a la sociedad. Así pues, soy testigo como ciudadana de que la función comunicativa y social de su trabajo, la activación de un compromiso empático con la situación denunciada, está sobradamente conseguida.

Centrar la atención en los más jóvenes, dentro de la compleja cuestión del albinismo en el continente africano, puede plantearse como una decisión estratégica; una decisión, para entendernos, más de la activista y periodista que de la fotógrafa; una decisión que legítimamente aspira a una mayor efectividad del proyecto a la hora de sensibilizar al espectador. Sin embargo, desde mi punto de vista como comisaria, esta es ante todo una elección narrativa: una decisión que desplaza el foco de la historia hacia el porvenir y que como espectadores nos sitúa en el terreno de la potencialidad, de la capacidad, del optimismo.

Las imágenes de Ana Palacios son de una simplicidad extraordinariamente compleja: desprecian lo obvio del subrayado, y acortan la distancia entre el espectador y el sujeto fotografiado apelando a la cotidianeidad, a aquellos gestos más sencillos que reconocemos como comunes: el amamantamiento de un niño, la alegría del juego, la quietud al caer la tarde mientras la luz entra desde el exterior a través de una ventana. Es entonces, al aferrarse a estas manifestaciones excepcionalmente precisas de la realidad que retrata, cuando paradójicamente la obra de Ana Palacios trasciende la especificidad, confirma su valía fotográfica y borra definitivamente la división, absurda y estéril, entre arte y compromiso.

Alicia Ventura