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Exposición de las salas Mingorance del Archivo Municipal. La ciudad dibujada. 10 años de Urban Sketchers Málaga

Nota de prensa y talleres

EL COLECTIVO DE URBAN SKETCHERS MÁLAGA HACE UN ALTO EN EL CAMINO PARA MOSTRAR SUS OBRAS EN LAS SALAS MINGORANCE DEL ARCHIVO MUNICIPAL

La muestra titulada La ciudad dibujada. 10 años de Urban Sketchers Málaga recoge 136 obras de 60 dibujantes

Podrá visitarse hasta el 24 del próximo mes y además habrá dos talleres los días 2 y 9 de noviembre

10/10/2019.- Dibujantes urbanos malagueños agrupados en el colectivo conocido internacionalmente como ‘Urban Sketchers’ han hecho un alto en sus recorridos por la ciudad para mostrar sus cuadernos de dibujos en las Salas Mingorance del Archivo Municipal. Este colectivo en Málaga fue fundado hace 10 años por el arquitecto Luis  Ruiz Padrón. La muestra titulada La ciudad dibujada. 10 años de Urban Sketchers Málaga ha sido presentada esta mañana por la concejala de Cultura, Noelia Losada.

Se exponen 136 cuadernos de 60 artistas malagueños que recogen diferentes paisajes de la ciudad realizados a lo largo de los 10 años de existencia del colectivo. Alcazaba, Gibralfaro, Centro Histórico, jardines y museos, corralones de la Trinidad, Hospital Civil, Puerto, Astilleros Nereo, cementerios de San Miguel e Inglés, mercados de Huelin y de Atarazanas, Casa Invisible, puentes del Guadalmedina, Catedral, El Palo, La Araña o el Parque del Oeste son algunos de los escenarios que recogen sus dibujos con acuarelas.

Cada artista ha seleccionado una de las obras de su cuaderno y están agrupadas por espacios. Algunas de las obras expuestas se encuentran en  formatos diferentes como la obra que refleja unas vistas de la Farola con una longitud de 2 metros expuesta en modo acordeón.

La exposición puede visitarse hasta el 24 de noviembre de lunes a viernes de 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 20.00 horas. Los sábados, domingos y festivos de 10.00 a 13.00 horas.

 LOS TALLERES

La exposición se complementa con 2 talleres que se desarrollarán los sábados 2 y 9 de noviembre de 10.00 a 13.00 horas. Están dirigidos tanto a adultos como a menores acompañados. Se impartirán en la sala II, donde los profesores recibirán a los alumnos y les darán una pequeña charla introductoria de lo que es el movimiento Urban Sketchers. Se hará el reparto del material y se les dará unas nociones básicas para a continuación salir a la Alameda Principal donde cada uno buscará su sitio para dibujar algún elemento de la calle que les suscite interés. En la última media hora, y ya en la sala, se hará una puesta en común de los trabajos realizados y se comentarán los ejercicios. El número de participantes es de 16 personas en cada taller y las reservas hay que dirigirlas a aytocultura@malaga.eu

Qué es este colectivo y fotografías

“LA CIUDAD DIBUJADA. 10 AÑOS DE URBAN SKETCHERS MALAGA”

Con profunda gratitud a todos los que habéis asistido a cada encuentro sabatino; entre pincelada y pincelada surgieron siempre enriquecedoras y animadas conversaciones sobre lo divino y lo humano que han desembocado en amistades duraderas. Algunos de estos amigos ya no nos acompañan en nuestras citas: a ellos queremos dedicar muy especialmente esta exposición.


 A modo de introducción. Una década de dibujos urbanos

Luis Ruiz Padrón. Arquitecto.

Miembro del colectivo Urban Sketchers Málaga

Puede que usted se haya topado con nosotros en algún momento a lo largo de estos diez años: somos ese heterogéneo colectivo de dibujantes que recorre la ciudad con un cuaderno y una pequeña lata de acuarelas en la mano. Claro que, al principio, pasábamos más desapercibidos; la primera vez que nos citamos como grupo no éramos más que cuatro personas, allá por noviembre de 2009. Ahora no hay ocasión en que no nos juntemos varias decenas. Si se entretiene en observarnos, verá que aquí hay gente de todas las edades, niños incluidos. Acérquese con disimulo y comprobará que nuestros dibujos abarcan los estilos más diversos; también verá aficionados y profesionales. Esta diversidad quedará patente a la conclusión de cada encuentro, cuando todos los cuadernos acaben juntos en el suelo para que los dibujos de la jornada puedan ser contemplados en su conjunto. Es el final de un ritual que se ha ido depurando a lo largo de los años y que suele terminar con una foto de grupo, en la que cada dibujante posa con su libreta abierta por la página que acaba de completar y que es muestra de los intereses dispares de las personas que lo integran.

 En esta década pasada, el dibujo nos ha servido de excusa para mirar con interés a nuestra ciudad y ser conscientes de sus grandezas y las de quienes en ella habitan; también de algunas de sus carencias. La Alcazaba, Gibralfaro, el centro histórico, los diferentes jardines y museos malagueños, los corralones de la Trinidad, el Hospital civil, el puerto, Astilleros Nereo, los cementerios de San Miguel e Inglés, los mercados de Huelin y de Atarazanas, la Casa invisible, los puentes del Guadalmedina, la catedral, El Palo, La Araña, el Parque del oeste y un interminable etcétera. No sólo lugares: también eventos como festejos populares, recreaciones históricas o conciertos.

«Dibujar es mirar», en palabras de John Berger, y los Urban Sketchers de Málaga han explorado a fondo su entorno para plasmarlo sobre el papel de las maneras más diversas, considerando –eso sí– que el proceso es siempre más importante que el resultado; sus frutos se exponen ahora en las salas Mingorance I y Mingorance II del Archivo Municipal de Málaga.

USK: las siglas de una gran idea.

Marcos Reina Segovia. Bibliotecario.

Miembro del colectivo Urban Sketchers Málaga

Urban Sketchers (USK) nació como una organización sin ánimo de lucro dedicada a formar una comunidad global de artistas que practican el dibujo in situ.

En 2007, el periodista e ilustrador Gabriel Campanario creó desde Seattle (EUA) un foro en internet para “todos aquellos a los que les encanta dibujar las ciudades en las que viven y que visitan, desde la ventana de sus casas, desde un café, desde un parque, de pie junto a una esquina de la calle.... pero siempre en el lugar, no desde las fotos o el recuerdo".

El éxito de la iniciativa produjo una reacción en cadena: comenzaron a proliferar los grupos USK locales por todo el mundo. Empezaron a celebrarse simposios, talleres, eventos cada vez más concurridos. Pareciera como si una gran idea hubiese cristalizado en distintas partes del mundo. Estaba floreciendo una comunidad internacional de dibujantes urbanos con una misión concreta: mostrar el mundo, dibujo a dibujo. Y todo ello usando una estrategia propia de las Vanguardias del siglo XX, es decir, promoviendo un manifiesto que dotase al movimiento de identidad propia y lo hiciera reconocible.

Los ocho artículos con los que cuenta dicho manifiesto sirven para explicar muchas de las claves de un movimiento tan poliédrico como fundamental para entender el Dibujo en esta década pasada, ya sea como disciplina artística o como experiencia estética.

Esto es lo que hacemos los Urban Sketchers:

  1. Dibujamos "in situ", a cubierto o al aire libre, capturando directamente lo que observamos.
  2. Nuestros dibujos cuentan la historia de nuestro entorno, de los lugares donde vivimos y donde viajamos.
  3. Al dibujar documentamos un lugar y un momento determinado.
  4. Somos fieles a las escenas que presenciamos.
  5. Celebramos la diversidad de estilos de dibujo y utilizamos cualquier tipo de herramientas y soporte.
  6. Nos ayudamos mutuamente y dibujamos en grupo.
  7. Compartimos nuestros dibujos en internet.
  8. Mostramos el mundo, dibujo a dibujo.

Decía Jorge Luis Borges en el epílogo de su obra “El hacedor”: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Ese es el destino de la catarata de cuadernos que atestan nuestros talleres y bibliotecas: acabar por convertirse en un mapa que abarque las tres dimensiones de nosotros mismos: las dos primeras, el ancho y el alto de nuestros cuadernos y la tercera, el tiempo. Al final, un gran espejo con el azogue de los miles de dibujos que hemos interiorizado y que no son otra cosa que recuerdos vivos. Podemos documentar el atardecer de una plaza porticada bañada por la luz dorada del otoño, escribir con caligrafía dibujada un comentario descriptivo o poético, fechar, firmar y pasar a otra página hasta la extenuación. El final de todo ese proceso puede darnos en el futuro o mañana mismo un gran banco de información documental sobre los lugares que habitamos y las personas que los pueblan, pero cualquier reflexión sobre esos dibujos siempre quedará incardinada a una historia personal, a una mirada única y subjetiva.

Deffontaines y Brunhes daban carta de ciudad a una población humana “cuando la mayor parte de los habitantes pasan la mayor parte del tiempo en el interior de la aglomeración” . Es en esa aglomeración donde se hace necesaria la mirada de un dibujante. Para dar señal de lo que ocurre a través del filtro del dibujo.

A solas o en grupo, aquí y allá, en cualquier plaza de nuestra ciudad pueden encontrar a una mujer que se ha parado en mitad del lugar y ha decidido mirar y dibujar. Y está claro que, en todo momento, ha decidido pensar. Como ese joven que, cuadernos en ristre, escruta el horizonte o fija la mirada en una pieza concreta de la vitrina de un museo. Cavila y mueve su mano al ritmo que marca lo que percibe. La disciplina de dibujar en el cuaderno cada día nos convierte en observadores, reflexivos y analíticos y eso nos hace ser testigos peculiares en medio del barullo urbano. La ciudad es el ecosistema en el que hemos crecido la mayoría, los USK queremos contar su historia, dejar constancia del momento, de los acontecimientos.

Si se cruzan con un grupo de dibujantes en plena acción callejera, podrán percatarse claramente de que cada uno de ellos es diferente al otro en las formas y maneras de abordar el dibujo, de apostarse ante el encuadre decidido, de organizar sus materiales y hasta en el modo en que los manipulan. Sentados cómodamente en un taburete profesional o encorvados sobre el cuaderno de pie en cualquier esquina, chapoteando con el pincel o raspando con grafito en un papel, cada uno de ellos está ejecutando una melodía común en técnicas, materiales y recursos pero a cambio, está percibiendo unas visión totalmente particular e íntima del entorno. Los resultados del proceso, los dibujos, apelmazados en cuadernos de toda factura y tamaño, cuentan una historia que quiere ajustarse con fidelidad a la vida real que cada uno percibe. Siguiendo la máxima de Paul Cezanne mirando una y otra vez la montaña Sainte-Victoire: “Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo como es”

Pero todo esto no es nuevo. Gustavo Doré ya paseaba por el Londres decimonónico con su cuaderno, tomando apuntes apenas esbozados, escrutando la ciudad con su mirada y su memoria. Desde la Prehistoria, los dibujantes han reflejado lo que  ocurría a su alrededor. Leonardo, Piranesi, Constable, Hokusai, Toulouse-Lautrec, un sinfín de artistas demostrando una y otra vez que Wilde tenía razón al afirmar que el verdadero misterio de la vida está en lo visible, no en lo invisible. Hoy, somos legión, los flâneurs del dibujo que bajo este paraguas USK comparten su propia mirada trazada en el papel y a la vez desarrollan un aprendizaje en comunidad. La convivencia entre disciplinas se ha hecho posible. La fotografía no vino a matar la estrella del dibujo. Y las tecnologías siguen dando sorpresas sobre las que el trazo, la marca humana, sigue navegando.

La información fluye desde hace unos años en un torbellino global desbordante, Internet es la red por la que corretean esos datos masivos que nos están conduciendo como especie, según algunos, a un rumbo de colisión contra el vacío. Pero más allá de visiones apocalípticas, hay que reconocer que contamos con más ventanas al mundo que nunca. El lugar donde debía fraguar algo como los Urban Sketchers era en el ámbito de “Lo virtual”, esa otra ciudad digital en la que también vamos aprendiendo a transitar en beneficio del dibujo.

Las redes sociales se han convertido en nuestro particular lugar de reunión cuando no lo estamos físicamente bajo un árbol centenario o en un concierto al aire libre. Esto multiplica exponencialmente las posibilidades de encontrarse, de compartir, de aprender juntos. Las relaciones interpersonales crecen y con ellas, el flujo de información relativa al dibujo. Se construyen estructuras y confluencias que llevan a desarrollar proyectos y fomentar intereses comunes. Es decir, damos un uso de las nuevas tecnologías de la comunicación intentando extraer lo mejor de ellas y circunvalar lo peor que nos ofrece, ese ruido absurdo y yermo en que a veces se convierten.

La cercanía que proporciona la Red nos facilita conocer de primera mano la obra de artistas de cualquier lugar del mundo, asistir u organizar simposios internacionales de dibujo urbano, establecer acuerdos y colaboraciones con instituciones educativas y culturales, tanto públicas como privadas que redundan en promover el arte del dibujo  in situ.

Para muchos de nosotros, hijos de la era del teléfono fijo  en la mesa camilla, es difícil describir el vértigo en el que vivimos desde hace unos años, pero otra de las características de las mujeres y hombres, niñas y niños que formamos estos grupos es una gran capacidad adaptativa. Usamos los materiales y elegimos los soportes  en función del lugar , los motivos escogidos y las circunstancias climatológicas que nos acompañen, renunciamos a una mirada plana y descriptiva para dotar de importancia al trazo desbocado, al ritmo de ejecución, a navegar entre la corrección y el arrepentimiento, buscando una armonía un poco en clave zen, si permiten la comparación, tratando de capturar el espíritu de la naturaleza y de la vida con una malla de trazos puramente gestuales. Es esa la capacidad adaptativa a la que nos acogemos para conseguir descubrir el mundo a través de nuestros bocetos.

Y al final no será otro sino el dibujo el que nos diga lo que hemos conseguido, tal y como le ocurría a Picasso según su propio testimonio en “Je suis le cahier”: 

“Cada día cogía mis cuadernos y me decía: ¿qué voy a aprender de mí mismo que no sepa ya?”. Y cuando ya no soy yo el que habla sino los dibujos que he hecho, y cuando se me escapan y se burlan de mí, es cuando sé que he conseguido mi propósito”.

La gran mayoría de los dibujos que ustedes ven expuestos en esta muestra no nacieron con ese objetivo, creo que podrían ser entendidos como pensamientos materializados, bosquejos de obras más grandes, fotografías orgánicas, casi poéticas, de la realidad circundante. El maestro Roland Barthes, esencial para comprender mejor todas estas ideas sobre el dibujo, nos dejó escrito una preciosa reflexión que queremos sirva de coda a este texto. En ella explicaba que la imagen dibujada contiene la experiencia de mirar. Un dibujo cuestiona sin prisa la apariencia de un suceso y al hacerlo, nos recuerda que las apariencias son siempre una construcción con una historia.

Nuestra propia historia, la de los dibujantes y ahora, la del espectador.

El lenguaje puede ayudar a encontrar respuestas pero los dibujantes urbanos de su ciudad les sugieren un plan en cuanto salgan de la sala: busquen un lugar y dibujen lo que ven, es ahí donde realmente se producen los descubrimientos.

Fotografías "La ciudad dibujada"