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Sociedad Económica de Amigos del País

EL ÁREA DE CULTURA OFRECE UNA ANTOLÓGICA DE MERCEDES GÓMEZ-PABLOS QUE REGRESA A LA SOCIEDAD ECONÓMICA

Hace 57 años esta pintora expuso en Málaga de la mano de Alfonso Canales

03/05/2017.- Hace 57 años, Mercedes Gómez-Pablos expuso por primera vez en Málaga y lo hizo en la Sociedad Económica de Amigos del País, a donde ahora vuelve de la mano del Área de Cultura del Ayuntamiento, con una exposición antológica. La primera vez llegó a esta ciudad guiada por el poeta y académico Alfonso Canales; ahora regresa a Málaga, esta vez, acompañada por el escritor y académico Francisco J. Carrillo Montesinos. La Exposición Antológica GÓMEZ-PABLOS ha sido presentada la concejala de Cultura, Gemma del Corral; el presidente de la Sociedad Económica, José María Ruiz Povedano; el comisario de la exposición, Francisco J. Carrillo Montesinos; y la propia artista.

Esta antológica, compuesta por 35 obras, quiere dar a conocer la evolución estética de la artista así como la maduración de su proceso creador hasta llegar a conformar un universo que incluye paisajes, retratos, naturalezas muertas, desnudos y bodegones. Para ello, la muestra abarca la obra pictórica de Mercedes Gómez-Pablos durante más de medio siglo, desde su primera exposición en las Salas de la Económica, en 1960, hasta la reciente muestra en la Galería Lina Davidov de París el pasado noviembre de 2016.

La exposición va acompañada de un catálogo en donde se recogen textos de poetas y figuras de la talla de José Ángel Valente, Alfonso Canales, José Hierro, Federico Mayor Zaragoza, Camilo José Cela, Fernando Lázaro Carreter, Luis Figuerola Ferretti o Luis María Ansón.

La exposición puede verse del 3 al 27 de mayo en horario de lunes a viernes de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas y sábados de 11:00 a 14:00 horas. Los domingos y festivos está cerrada, mientras que el 20 de mayo abrirá de 19.00 a 02.00 con motivo de la Noche en Blanco.

MERCEDES GÓMEZ-PABLOS
Mercedes Gómez-Pablos nace en Palma de Mallorca en 1940. En 1956 se traslada con su familia a Madrid y tres años después celebra su primera exposición individual en la Galería Club Urbis. En los años siguientes expone varias veces en París, donde le entregan la Medalla de plata de la Villa de París en el Museo de Arte Moderno y el Diploma de Honor del Salón de Bondy, entre otros galardones. En las décadas siguientes continúa exponiendo en ciudades como Nueva York, Buenos Aires, Santiago de Chile o Barcelona. Desde 1979 alterna su residencia entre Madrid y París.

AUTOBIOGRAFÍA

1956: Lo mejor que pudo ocurrirme en la vida fue aterrizar en la Academia de Eduardo Peña. Allí, empezó una vida llena de formas, colores y sueños que ha permitido la realización de toda mi obra.

1959: En ese año, realizaba mi primera exposición, en Madrid, en el Club Urbis, que presentó el gran crítico Gaya Nuño. En el periódico ABC, Santiago Arbós escribió: “Es un temperamento de pintor nada común, realmente excepcional”. Con ese principio ya todo era posible, y así llegó en 1960 la exposición de Málaga de la mano de un poeta, Alfonso Canales, que escribe “las cosas que quien pinta ha de decir no pueden ser dichas sino con líneas y con colores”. Y también en ese año, el Ateneo de Barcelona, con presentación de José María Sagarra y el Club de los Poetas en Formentor, donde presentó la exposición el futuro premio Nóbel Camilo José Cela. Como la osadía no tiene límites, la pintora cruzó el charco en 1962, y expuso en la Chase Gallery de Nueva York, donde el New York Times le dedicó una crítica: “She has an unusually strong and developped talent”.

1961-1964: Llegaron los premios, parisinos todos. Medalla de Plata de la Villa de París, en el Musée d’Art Moderne. Diploma de Honor del Salon de Bondy. Medalla de Plata de “Arts Sciences et Lettres” de París. Francia siempre me apoyó. Y en esa primera exposición, en la Galerie Paul Cezanne de París, del año 1964, es donde tuve una de las mayores emociones de mi vida de artista. José Bergamín entró en la exposición con el escritor André Malraux. Jamás olvidaré ese instante. Ahora defiende mi obra la Galería Lina Davidov, en el Boulevard Saint-Germain donde expongo regularmente.

Lo que para mí tuvo una enorme importancia, es que todos los grandes críticos de mediados del siglo XX, una de las épocas más gloriosas del arte español, hayan escrito y descrito, con maravillosas palabras, mis cuadros. Desde Faraldo a Moreno Galván, Antonio Cobos y José Hierro, Figerola Ferreti y Cirilo Popovici, Javier Rubio y Sánchez Camargo, Campoy y Santos Torroella, Fernando Gutiérrez y Rodríguez Aguilera, A. del Castillo y Juan Cortés, Julio Trenas, Gafín y Juan Bonet. De todos estos críticos, no olvidaré nunca que eran rigurosos en sus criterios, tenían un inmenso conocimiento del arte y ganas de ayudar a los que nos dejábamos el alma en este fascinante mundo que es el arte.

1965: Llegó América del Sur, donde la Universidad de Chile me invita a exponer y presenta la exposición Gabriel Valdés. El periódico chileno el Mercurio dedica en color a la exposición toda una primera página del domingo.

1967: fue la exposición en Buenos Aires, donde el crítico Córdova Iturburu escribió: “Dos signos, evidentemente, la gobiernan. Uno es su vitalidad, el otro es el privilegio de hallarse dotada, sin reservas, para la expresión de lo poético por el camino de lo plástico”.

Se suceden diez años de exposiciones sin treguas.

En 1977, Fernando Lázaro Carreter redactó el catálogo para una exposición de Madrid en el que señalaba que “... hay dolor en (sus) cuadros. Un dolor genéricamente humano que (ha) transcrito en nombre de todos. Esas formas biológicas que estallan como aplastadas, con los rojos, los negros, los amarillos, penetrándose o escapándose hacia el blanco ¿qué son sino una angustia sorprendida en su fuente?”.

1978 la Vanguardia dedica la segunda página del periódico, algo inusual cuando se trata de un pintor vivo, a mi exposición de la Galería Pelaires de Mallorca. Escribe el artículo Rodríguez Aguilera.

Llegan las ferias internacionales con ART 10/79 Basilea y en 1980 la FIAC de París, “One man show”. Y en 1992, Euroart de Ginebra, con la Galería María Salvat, de Barcelona.

El año 1983 es un año especial al realizar siete grabados para acompañar los poemas de José Bergamín en el libro Habla la muerte, edición de bibliófilo, de la colección Carpetas Estampas y Poemas de Galería Orfila de Madrid. Después llegó un segundo libro, en 1992, homenaje al poeta Rafael Lorente, con diez litografías, presentado en París, Madrid y Zaragoza. Juan Pedro Quiñonero escribe: “El azul profundamente oscuro y el negro azabache hacen más presentes el dolor de la ausencia y el desgarro íntimo. Pero los grises, verdes, ocres y blancos, tienen un carácter amistosamente lírico. La memoria está dolorida. Pero queda la inmortalidad elegíaca del recuerdo”. Como no hay dos sin tres, preparo con Federico Mayor Zaragoza, un nuevo libro de poemas y obra gráfica.

1984: la exposición de Aux Arcenaux, de Marsella. Una Académica de la Lengua Francesa (¡hay tan pocas!) Florence Delay escribe el catálogo y dice: “Ce n’est quelqu’un de reposé ni de reposant. Elle est toujours en route. On l’a trouve là où on pensait qu’il n’y avait plus personne et on la retrouve penchée sur un exercice futur. Elle est un peintre aventureux comme les aime la peinture”.

1985 es madrileño, con doble exposición en las Galerías Orfila y Faunas, presentadas por el Alcalde Enrique Tierno Galván, y con la participación en la feria de ARCO de ese año.

1987: vuelvo a París, a la Galerie D’Outre-mer. El poeta Claude Esteban escribe: “...des images que nulle frontière ne fixe... ce qui vibre et claque si fort contre la minuscule chambre rétinienne, c’est le souffle, c’est l’envergure immense de la mer”.

1989: Hubo una retrospectiva en la Galería Alfama con ocasión del trigésimo aniversario de mi exposición.

Los premios en París continúan llegando. En 1992, la Medalla de plata de la Villa de París por la obra “Façade 14”, otorgada con ocasión de la exposición de la federación cultural femenina. En España me llegó la Medalla de Honor del Premio BMW, entregada por S.M. la Reina Doña Sofía. En 1995, en París de nuevo, me dieron el Premio especial del alcalde por el cuadro “Mallorca”. Y, en 1997, siempre en París, el Premio especial del jurado del “Palais Salon”. Barcelona no podía ser menos, y en 1998, llegó el Premio Donart por la obra “La ventana abierta”.

1998: llego a México DF con dos exposiciones, una en el Club de Industriales con el escultor Pedro Bosch y otra en el museo del Carmen, titulada Los colores del silencio. Al título de esta exposición, le iría bien las palabras que Alfonso Zapater publicó en el Heraldo de Aragón por una exposición en la Galería Goya, en el año 2000: “Ha traído hasta nosotros sus cuadros en verso, pintados con música, en los que se escuchan los colores y la luz puede oírse.” México el para mí el lugar al que siempre volvería y del que nunca me marcharía.

Las exposiciones se suceden sin tregua. Ocho tuvieron mayor significado para mí. La primera, la del Château de Villandry, en el Loira, en 1994. Espléndido castillo, no solo por su arquitectura sino por sus jardines y en homenaje a ellos colgué 80 cuadros de flores. La exposición duró 11 meses y la visitaron más de 300 000 personas. Mi primo Carlos García de Olalla escribió: “Son flores sin tiempo, que nada saben de épocas o calendarios, flores que, como la belleza o el amor, han nacido para trascender a la muerte y al olvido”. La segunda, se realizó en 1996, en el Instituto Cervantes de París, con el título de “Vida, imagen, muerte”. La vida eran los cuadros de flores, la imagen la figura humana, desnudo en su totalidad, y la muerte estaba representaba por una colección de cuadros abstractos, imagen de una corrida de toros. De ellos, Carlos García Osuna dijo en el Cultural del Mundo: “Los lienzos blancos y negros rasgados son incorporados como una metáfora de la vida o la muerte”. Presentó la exposición el escritor chileno Jorge Edwards. Tuvo también su grandiosidad la exposición de Toledo, más por Toledo que por otra cosa. Se realizó en el Centro Cultural de San Marcos, en 1999. Fue retrospectiva con el título de “40 años después”, sin duda, la mayor exposición de mi vida. Y, por fin, la del Museo Pablo Gargallo de Zaragoza en 2003. Aquí, no solo fue por el lugar, sino también por la influencia que el genial escultor tiene en mi trabajo. Creo que los negros que habitan su escultura se adentran en mi alma y afloran en mis cuadros. Tengo su obra permanentemente conmigo y quizá por eso realicé una exposición solo de dibujo, solo en blanco y negro y fue en el Museo del Dibujo en el Castillo de Larrés (Huesca). El color inundó la exposición de Salamanca en el Palacio de la Salina; es la exposición que me hizo más feliz, fue la más conseguida. Vino Sevilla, repleta de luz y alegría, con 55 cuadros para 55 años de exposiciones en la Casa de la Provincia, junto a la Giralda. Si para mí hay algo que fue realmente inolvidable es ver mis cuadros colgados en una antigua abadía cisterciense, en el Cellier de Clairvaux de Dijon: pánico antes de verlo, asombro al contemplarlo; ¡ya solo podía rezar por el milagro!

En mis temas hay barcas y de ellas dice José Hierro: “Las embarcaciones son, en ocasiones, un trazo vivo, un latigazo sobre unos tonos distribuidos con aparente anarquía” (1972). Hay también meninas. Así se expresó sobre ellas José Marín Medina: “Son obra enteramente suya (...) por su capacidad peculiar de transmitir su sentimiento como placer espontáneo y directo de la misma acción de pintar”. Hay desnudos y, de uno de ellos, Luis Racionero escribió: “tenemos delante a una persona viva, creíble, llena de energía en el reposo potente de su desnudez”. De los retratos, Juan Raventós afirmó: “Dulzura y fortaleza no están reñidas. Así sucede cuando las superpone en el difícil arte del retrato”. Enrique Llovet, sobre mis fachadas: “Así que esos negros irritados, esos pacíficos azules y esos blancos mediterráneos de la paleta de Merche articulan la atmósfera poética en que tiemblan las viejas casas”. José María Cadena: “En las fachadas de las casas del Pirineo aragonés que tanto le atraen pone su innata vitalidad, que da nuevo aliento a la desconchada cal de las piedras y a los balcones de madera quemada por el sol y por los vientos”.

Lo más divertido y original de mi carrera artística fue el encargo por el director de cine Michel Mitrani, del cartel para el Festival Internacional de Programe Audiovisuel, FIPA, celebrado en la ciudad de Cannes. Para ello pinté unas mascaras en blanco y negro, separadas por una frontera de película impregnada de amarillo. Fue gracioso pasearme por esa ciudad rodeada de mis carteles, pero lo que sí me emocionaba era pensar que el anterior cartel lo había realizado Vieira da Silva.

Tres libros se han escrito sobre mi trabajo. El primero por Julio Trenas en mis años de pintura abstracta. El segundo por Fernández Molina que escribió: “En esencia, y con matizaciones peculiares en cada ocasión, sus lenguajes realista y abstracto son fundamentalmente idénticos”. Y finalmente el tercero por mi hermano Amaro, que con absoluta, exagerada y extraordinaria admiración, me sacó siempre del pesimismo y la desolación que tantas veces inundan al artista.

Y Mario... Mario Antolín ¡claro! No hay crítico ni amigo más grande. No podré nunca consolarme de la ausencia de su palabra. Hay pérdidas injustas, insuperables en la vida de un pintor. Mario me apoyó, me ayudó y me compró cuadro. En todo momento que lo necesité pude encontrarlo. Escribió: “Hay algo que palpita en las manchas de color, como si el mérito de la vida y la muerte estuviese escondido en sus matices o en las caprichosas formas de unos perfiles que convierten en signo el grito desgarrado del dolor”. Ahora ese dolor traspasa en mi persona al sentirme huérfana de su presencia.

No puedo terminar sin hablar de “mis poetas”, no solo por los poemas que me han escrito sino porque yo comulgo aún más con la poesía que con la pintura. Miguel Arteche, Valente, José Hierro, Alfonso Canales, Domínguez Rey, Mariano Roldán, Antonio Leyba, Cristina Maristany, Rafael Lorente, Torcuato Luca de Tena, Julián Marcos, Carlos Murciano, Xavier Renau, Jaime Delgado, Jean-Pierre Maurel y Jacques Roubaud.

Con su característico humor, Antonio Mingote me definió: “Es una de las pintoras más libres y divertidas de la historia, pasando alegremente –no locamente- de lo abstracto a lo figurativo, del retrato al bodegón, y de París a Valdeperas del Arcipreste con la mayor desenvoltura y, por supuesto, con los mejores resultados”. Y por tanto disparate fui elegida Académica correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza donde leí mi discurso sobre “Goya y el Diablo”.

Y las andanzas continuaron con un nuevo premio en marzo de 2006: “la Placa de Pintora Ilustre” que concede la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Eso de convertirme en Ilustre me asombra, me alegra y me llena de reconocimiento.

De todo lo que he creado en mi vida hay algo que me emociona más que nada. Son los grabados para el libro de Antonio Leyva “Como si mi voz fuera un cuerpo en el paisaje de tu piel dibujado”. No por mis grabados, sino por sus poemas. Se comprende sin que sea necesario decir que, para mí, es un inmenso poeta.

¡Las palabras de Luis María Anson me sirven de conclusión! “Hace cuarenta años que sigo la obra de Gómez-Pablos, cuarenta años sin una sola decepción”. Sólo intento, deseo y espero, querido Luis María, no decepcionarte ni a ti ni a nadie en el futuro.

Se acabó el relato de mis andanzas pictóricas. ¡Por el momento!