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Espacio de arte-Ars Málaga. Palacio Episcopal

EL AYUNTAMIENTO TRAE A ARSMÁLAGA UNA MUESTRA DE LAS PIEZAS MÁS IMPORTANTES DE LA COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN GODIA, QUE SALEN POR PRIMERA VEZ DE BARCELONA

Berruguete, Zurbarán, el Círculo de El Bosco, Rusiñol, Picasso, Joaquim Sunyer, Miquel Barceló y Jaume Plensa son algunos de los artistas que podrán verse en el Palacio Episcopal, desde el martes 11 de julio el 17 de septiembre

Las obras están dispuestas de manera cronológica para facilitar la interpretación de la evolución del arte desde el Románico hasta nuestros días

11/07/2017.- Hoy se ha presentado en las salas de ArsMálaga-Palacio Episcopal, la exposición “La esencia de la Belleza”, que reúne algunas de las piezas más importantes de los fondos de la Fundación Godia. Es la primera vez que salen de Barcelona obras maestras de su colección medieval y del Renacimiento, junto a obras fundamentales del arte moderno contemporáneo. La muestra ha sido presentada hoy por el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, junto con la concejala de Cultura, Gemma del Corral; la comisaria de la exposición, Mercé Obón, y el director del ArsMálaga, Miguel Ángel Gamero. La inauguración de la muestra será esta tarde, a las 20:00 horas, y al acto asistirá la hija de Francisco Godia y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, Liliana Godia.

La exposición “La esencia de la belleza” reúne por primera vez la selección más completa de todas las áreas de la colección Godia a partir de las obras maestras de los fondos medievales, del Renacimiento, del Barroco y del siglo XX que nunca antes habían viajado fuera de la sede de la Fundación. Son 50 obras fundamentales que, además de su especial interés individual, revelan el desarrollo del arte a lo largo de casi mil años: desde el siglo XII al siglo XXI. Las obras, dispuestas de manera cronológica, facilitan la interpretación de la evolución del arte desde el Románico hasta nuestros días, como explican desde la propia Fundación Godia. Pedro Berruguete, Francisco de Zurbarán, el Círculo de El Bosco, Santiago Rusiñol, Pablo Picasso, Joaquim Sunyer, Miquel Barceló y Jaume Plensa son solo algunos de los artistas que podrán verse en el Palacio Episcopal, desde el martes 11 de julio hasta el 17 de septiembre.

Asimismo, la muestra brinda la oportunidad de conocer cómo eran las colecciones históricas de principios del siglo XX, qué intereses artísticos les daban forma, a la vez que nos deja entrever la personalidad de su fundador.

El inicio de esta colección hay que buscarlo en Francisco Godia Sales (Barcelona, 1921-1990), empresario, piloto de carreras y un destacado coleccionista que, en menos de una década, reunió piezas únicas del Románico y del Gótico, cerámicas de los talleres hispánicos de los siglos XIV al XIX y pintura de los siglos XIX y XX que acabaron constituyendo una de las colecciones privadas más importantes de nuestro país. La fundación que lleva su nombre fue creada en 1998 por su hija, Liliana Godia, que al recibir el legado de su padre, quiso rendirle así homenaje. Durante más de quince años, la Fundación ha mostrado la colección de manera permanente en la ciudad de Barcelona y, en la actualidad, se concentra en su proyección nacional e internacional. Con ello continúa con su misión de promover la investigación de sus fondos artísticos y el estudio y difusión de la labor del coleccionismo privado en la protección del patrimonio.

La colección del Renacimiento
La colección está formada principalmente por obras de los talleres hispánicos pero también cuenta con algunas piezas destacadas del final del Gótico y los albores del Renacimiento de los obradores de Malinas (Flandes) y de las Escuelas del Norte.

El arte en época de los Reyes Católicos respondía a este gusto de raíz flamenca. Los encargos de los principales focos artísticos demandaban esta estética y, en muchos casos, contrataban directamente artistas llegados de esas tierras. Es el caso de Alejo de Vahía del cual conserva en la colección la extraordinaria Piedad. Una obra fundamental para entender el Gótico final en Castilla.

El Rey Mago de Felipe Bigarny encarna los nuevos tiempos. Este artista de origen borgoñón, tras instalarse en 1498 en Burgos, acaparó importantes encargos y colaboró con los principales escultores: Diego de Siloé o Alonso Berruguete. La razón de su éxito fue introducir las novedades del Renacimiento sin generar rupturas con el estilo consolidado del final del Gótico.

En pintura destacan la tabla de Juan de Borgoña, cuya producción artística y en particular sus obras para la catedral de Toledo, son determinantes a la hora de valorar la introducción del Renacimiento en la Península. Otra obra singular es el San Cristóbal del Círculo de El Bosco que recoge la impronta de este célebre artista. Y, de manera sobresaliente, la Sagrada Familia de Pedro Berruguete, obra maestra que aúna lo mejor de la tradición flamenca con el esplendor del Renacimiento italiano.

El Barroco en una obra singular
El San José con el Niño de Francisco de Zurbarán es un modelo representativo de uno los géneros por excelencia del período Barroco: la pintura religiosa. En la última etapa de su vida, Zurbarán se trasladó cerca de la corte madrileña, lo cual motivó un cambio de estilo en sus obras que se tornaron más suaves de forma y colorido.

Por otra parte, la gran devoción popular hacia San José propició el nacimiento de este tema iconográfico en el arte adaptando las fórmulas compositivas de la Virgen con el Niño. Además, la figura de San José ya no se representa como un anciano, sino como un joven para reforzar la idea de paternidad. En la pintura de la colección Zurbarán le otorgó rasgos similares a los de la representación tradicional de Jesucristo.
Un modelo de colección: la burguesía y el Modernismo
A principios del siglo XX, ya de manera natural la intensa vida cultural formaba parte de la sociedad civil ilustrada a la cual se sumó la pujante burguesía. Esta nueva clase social, enriquecida por el crecimiento industrial y comercial, creó importantes colecciones que recogían el testimonio de la generación anterior. No obstante, aportaban una novedad ya que adquirían también obras de su tiempo, ya que se vivía un nuevo despuntar del panorama artístico que miraba hacia las novedades del París del 1900.

En el hipódromo sintetiza dos de las facetas más significativas de Ramon Casas: su maestría como retratista, que le consagró como el artista más solicitado por la burguesía, y su pintura más renovadora. A diferencia del tradicional retrato burgués en interiores lujosos, lo realizó à plein air en una inteligente combinación de clasicismo y modernidad, sin obviar los indicativos de estatus social de la pareja.

La escena, que ocurre en un día soleado en las carreras de caballos del hipódromo de Barcelona, está captada desde un punto de vista elevado y con un encuadre audaz que denota la influencia de la fotografía. Al igual que la manera realista de representar personajes de forma fragmentaria o circulando de espaldas al espectador. El motivo de esta reunión, donde los señores van vestidos de etiqueta y las señoras lucen los vestidos de verano recién traídos de París, no es sólo seguir el acontecimiento sino que retrata una cita clave en la vida social y de negocios de la burguesía catalana.

Modernismo y modernidad
Una manera directa que nos hace entender el panorama artístico del paso de siglo consiste en ubicar a modo de espejo, de manera que se reflejen unas en otras, las dos realidades artísticas que coexistían en la primera mitad del siglo XX. Son dos mundos en paralelo y, por lo tanto, no se tocan de manera que el espacio físico real que los separa simboliza también la distancia conceptual que había entre ellos.

De un lado se encuentran las obras de los artistas que adoptaron la Modernidad con toda su carga significativa y que desarrollaron su carrera artística fuera de España, especialmente en París, ciudad que concentraba toda la novedad. Y frente a ellas las obras del Modernismo coleccionadas por la burguesía que, aunque formalmente estaban alejadas del estilo decimonónico, no llegaban a implicar una ruptura absoluta con la tradición anterior.

La pintura de paisaje era uno de los géneros más apreciados. Son ejemplos significativos La cantera de Montjuïc de Santiago Rusiñol, una obra cargada del realismo social a la manera de Gustave Courbet o la poética composición de Joaquim Mir. El Retrato de Berthe Vallier, esposa del artista Laureà Barrau, personifica la esencia de la mujer modernista de delicada belleza, de mirada fresca y soñadora con un cierto aire melancólico.

Una nueva generación de artistas
La ciudad de París fue el punto de referencia artístico para los artistas del paso de siglo XX. Ramon Casas y Santiago Rusiñol fueron de los primeros en viajar a la capital de Francia en busca de la modernidad. Los cuadros que realizaban en sus estancias se exhibían en las principales galerías de Barcelona, como la Sala Parés, y mostraban aquello que anhelaban los artistas más jóvenes: obras técnicamente más libres, sin anécdota historicista ampulosa y en un escenario natural sin artificio.

Esta nueva generación de artistas como Isidre Nonell, Ricard Canals o Joaquim Mir, decepcionados por el tipo de enseñanza conservadora que se impartía en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, prefirieron practicar la pintura de paisaje à plein air a seguir los modelos academicistas. Su realidad social era diferente respecto a Casas y Rusiñol, por este motivo su aproximación a la representación humana fue a través de sus referentes más inmediatos, como es el caso de Gimeno que retrata a su esposa y a su hija en la intimidad del hogar. O Nonell que, sin embargo, centró su interés en los marginados como las gitanas pintadas con colores oscuros y replegadas sobre sí mismas.

Barcelona-París
Miquel Utrillo, Rusiñol y Casas echaban a faltar un lugar en Barcelona como los cafés de Montmartre. Así, fundaron en 1897 Els Quatre Gats, una taberna situada en un edificio de estilo neogótico del arquitecto Puig i Cadafalch que regentó el excéntrico Pere Romeu. Pronto se convirtió en el punto de encuentro de los artistas modernistas antes citados y de la generación más joven como Opisso, Nonell, Canals, Mir, Gosé, Hugué, Casagemas o Picasso. Fue un lugar donde algunos de ellos incluso tuvieron la oportunidad de exponer por primera vez, como Picasso.

En este apartado se muestra una obra que pone de manifiesto la vertiente satírica de algunas obras de este período del joven Picasso. Se trata del Retrato de Pere Romeu ataviado con su característico sombrero bohemio al cual le ha añadido un escudo en el pecho al estilo de un caballero medieval de aire soñador.

Modernidad: Picasso frente a Picasso
Los coleccionistas burgueses no se mostraron interesados por el arte de vanguardia de artistas como Picasso, José de Togores o Joaquín Torres-García, que tuvieron que hacer su andadura en el contexto internacional. Todas estas obras, a pesar de estar realizadas en fechas idénticas a las obras de gusto burgués, no formaron parte en su día de colecciones españolas. Han llegado algunas décadas después.

El Retrato de muchacha de Picasso es el testimonio del nuevo camino emprendido sin marcha atrás. Son pocos los años que lo separan del Retrato de Pere Romeu sin embargo el concepto, la intención y el lenguaje plástico lo sitúan en una dimensión lejana. La muchacha deja de ser un retrato para convertirse en un símbolo, y como tal, sus rasgos son universales. El marco temporal también se desencuadra: remite a un pasado de acento tribal y al mismo tiempo enfoca hacia un futuro que desembocará, ahora lo sabemos, en el Cubismo.

Al igual, la Mujer recostada de Togores o Rosa en el taller del artista de Hugué van más allá del interés por el retrato y se centran en lo puramente arquitectónico de la construcción de los volúmenes. O los niños en la arena de Pere Pruna que, desprovistos de cualquier rasgo individualizador en sus rostros, son el resultado de la búsqueda de la esencia.

Arte moderno y contemporáneo internacional
El coleccionista es el agente activo que con sus gustos y con sus decisiones traza el camino de una colección. A partir de los años 90 se hace perceptible la huella de Liliana Godia al llevar la colección hasta el presente e incorporar obras de artistas de arte moderno de vanguardia y de arte contemporáneo, tanto españoles como internacionales. Cierran la exposición dos de nuestros artistas más internacionales, Miquel Barceló y Jaume Plensa.

Barceló reelabora un tema universal de la Historia del Arte como es el bodegón. Lejos de la representación clásica en la cual el virtuosismo en la representación de los elementos es la prioridad, aquí es la propia materia la que hace acto de presencia de manera abrupta y se convierte en el elemento.

La obra de Jaume Plensa refleja su personal interpretación del retrato como binomio entre la parte humana y la parte inmaterial. Un concepto que también aplica en la escultura monumental y que le ha aportado una gran proyección internacional.

El cromatismo y la actitud meditativa enlazaría con la obra de Zhang Huan, uno de los artistas chinos contemporáneos más reconocidos, ya que está compuesta a partir de las cenizas recogidas de los altares de templos budistas de su país con la intención de integrar de manera simbólica los deseos y súplicas de la población.

Si bien una lectura estética evidencia el contraste entre el blanco y negro de las obras que cierran la exposición respecto a los colores vivos de las tallas románicas del inicio, la intención simbólica de todas ellas es similar y remite a lo sagrado. Obras creadas con casi 1000 años de diferencia que más que estar en el extremo opuesto de una recta formarían puntos de un círculo que puede tocarse.